Bajaron aplausos en el Libertadores de América cuando el árbitro Nazareno Arasa marcó el final del primer tiempo. Es cierto que Luciano Cabral marcó el 1-0 en el segundo final. Pero fue interesante lo de Independiente en esa etapa. Mucho más si se tiene en cuenta que el rival del debut fue Estudiantes, que culminó el año pasado a pura vuelta olímpica y que se preparó ahora para dar pelea en la Copa Libertadores de América.
La receta de Gustavo Quinteros fue profundizar en la pretemporada lo trabajado en el final del 2025. Ya había dejado algunas buenas sensaciones el Rojo. “Lucharemos para ser campeones”, es el mensaje que baja el entrenador puertas para adentro. Y se percibe otra mentalidad, más allá de que el equipo no brilla ni juega -al menos por ahora- como para establecerse como el gran candidato.
Fue entretenido el duelo porque tanto Independiente como Estudiantes son elencos de buenas intenciones. Para lo que suele ser el fútbol argentino, fue un partido dinámico con la pelota en juego por largos pasajes. Le faltó, eso sí, mayor cantidad de situaciones de peligro para que termine de ser atractivo y emocionante.
El mejor en la etapa inicial fue el local. La idea de Quinteros se basa en un 4-2-3-1 con Luciano Cabral como enganche y Matías Abaldo y Santiago Montiel como extremos. Y el delantero uruguayo fue el más punzante por el sector izquierdo, muy a pesar de que las más claras llegaron todas por el otro lado. Fernando Muslera les ahogó el grito a Abaldo y a Leonardo Godoy. Pero nada pudo hacer con la definición de Cabral, que llegó tras un lateral rápido y largo al área de Godoy que peinó Ávalos para la aparición goleadora del volante ofensivo. Un gol muy sencillo, esos de los que les suele doler a los entrenadores que los sufren. Mucho más si la víctima es Estudiantes.
Lo del elenco platense también fue similar a lo del año pasado. El de Eduardo Domínguez no es un equipo que llene los ojos, pero es serio. Sigue estando errático para manejar la pelota el volante Santiago Ascacibar, en el radar de Boca.
Las emociones se dieron vuelta a poco de iniciado el segundo tiempo y de los aplausos se pasó a los silbidos. Primero porque Fabricio Pérez empató sacando desde el medio a los 12 segundos. Otro gol de los que molestan en los más profundo. Pero lo peor llegó instantes después: a los 5 minutos Montiel le pegó un codazo a Leandro González Pirez y se fue expulsado. No aprende Montiel, un futbolista capaz de marcar el mejor gol de la temporada (en 2025 se quedó con el premio Puskás que otorga la FIFA) y de dejar a sus compañeros con uno menos por un tontería. El Libertadores de América lo silbó y el zurdo se metió en el vestuario tapándose la cara con la camiseta.
A Estudiantes le faltó ambición para ganarlo. Se conformó demasiado rápido con el punto cuando la sensación era que si aceleraba se quedaba con los tres puntos. Independiente luchó y mantuvo la igualdad. Ingresó el refuerzo Ignacio Malcorra, aunque estuvo lejos del arco que defendió Fabricio Iacovich, que entró en el entretiempo por el lesionado Muslera.
Pasó el debut de Independiente: fue de los aplausos de la esperanza a los silbidos de descontento.

