Joel Ordóñez, una llave de seguridad en la defensa mundialista de Ecuador

El 6 de marzo de 2025, alrededor de 20 sicarios ingresaron desde los cerros al barrio Socio Vivienda 2, una zona marginal del noroeste de Guayaquil. En poco más de 15 minutos asesinaron a 22 personas, según la cifra que dio la policía. Los vecinos, que aseguran que hubo varios muertos más, muchos de ellos ajenos a las guerras entre los grupos de delincuencia organizada que operan y controlan el área, quedaron sumidos en el terror y abandonados por las instituciones oficiales. No fue la primera vez, posiblemente tampoco sea la última. El sector está ubicado en un punto estratégico para el almacenaje, traslado y venta de armas y drogas, junto a la vía Perimetral que rodea la ciudad.

“Es un sitio muy peligroso. Hay drogas, pandillas, pobreza. Muchos jóvenes se desvían del buen camino”. Desde la lejana y bucólica Brujas, sede del club belga al que llegó hace cuatro años, Joel Ordóñez describe con tristeza el barrio que habitó entre los 9 y los 12 años, cuando Independiente del Valle le ofreció irse a Quito a probar suerte en el fútbol. “Tengo amigos que están pasando por momentos difíciles o que tienen una vida complicada. Doy gracias a Dios por tener unos padres tan buenos, que me inculcaron los valores y principios correctos, porque allí si no estás hecho de buena madera, estás perdido”, afirmaba en una entrevista concedida a la publicación belga Niewsblad hace unos meses el zaguero central, por quien Juventus, Chelsea y Liverpool están dispuestos a pagar cerca de 40 millones de euros.

Joel Ordóñez, con la camiseta de Ecuador, en un amistoso contra Países Bajos (Photo by ANP via Getty Images)ANP – Getty Images Europe

Ordóñez había nacido en la otra punta de la urbe más poblada de Ecuador, a orillas del Estero Salado. Allí vivía junto a sus padres Joe Miguel y Leinis Maribel, y sus hermanos mayores Merlín y Anabel, hasta que una decisión municipal obligó a la familia a reubicarse en el distrito Nueva Prosperina, considerado el más violento del país. Como todos los chicos del barrio, pudo ser captado por alguna banda, o haberse dejado tentar “por todo lo que te ofrecen en un lugar así”, pero además de una crianza sana, Joel tenía algo más. “Al margen de mis padres, también me considero afortunado por mi talento. Porque sin el fútbol ​​mi vida habría sido mucho más difícil”, asegura con toda lógica. “Es de la misma cuerda que Pacho, Hincapié y Moi Caicedo: un profesional disciplinado, de perfil bajo, serio y alejado de actos de mala conducta”, resume el periodista guayaquileño Ricardo Vasconcellos.

La dureza del entorno también habrá hecho su parte para constituir la personalidad de un jugador que impacta por su presencia (188 centímetros de altura) y asombra por la tranquilidad con la que se desenvuelve en la cancha, una calma poco común para un chico que acaba de cumplir 22 años. “Soy una persona de cabeza fría, incluso si los rivales me provocan, no reacciono”, dice, y los números lo ratifican: en 46 partidos disputados en esta temporada solo vio seis tarjetas amarillas. También dos rojas, pero en ambos casos por un recurso extremo como realizar una falta como último hombre, no por violencia ni protestas desmedidas.

Un artículo publicado en el diario digital Primicias dio a conocer una frase que es una especie de mantra para el marcador central llamado en este Mundial a acompañar a William Pacho en el fondo de la defensa tricolor. Se trata de un versículo de la Biblia donde se afirma que “tiempo y ocasión acontecen a todos”. Y no cabe dudas de que las ocasiones se le fueron presentando de manera periódica a partir de sus 9 años. La primera fue cruzar su camino con Luis Chocolate Medina, uno de esos tantos entrenadores por vocación que no desfallecen en su afán de transmitirles a los más chicos la pasión por el fútbol y los saberes adquiridos a través de la perspicacia, la sensibilidad y la intuición. En los barrios humildes cumplen además otra misión: ayudan para que los pibes pasen el menor tiempo posible en la calle.

Medina “adoptó” a Joel desde el primer día. De lunes a viernes, lo llevaba y traía en un viaje de una hora en su auto, desde Socio Vivienda 2 hasta Durán, el otro lado del río Guayas. Ahí practicaba el equipo sub12 del Sport Norte América, un club histórico de la Segunda División ecuatoriana que en las últimas décadas y para garantizarse la subsistencia se ha especializado en descubrir talentos juveniles para transferirlos a entidades como Independiente del Valle o Liga Deportiva Universitaria de Quito. Una década más tarde, Chocolate recuerda al ahora consolidado defensor titular del Brujas campeón de la liga belga como un chico “callado, liviano, muy flaquito y de piernas largas. Tenía buen pique y quería ser delantero para meter goles como Enner Valencia y salir en televisión”.

Ordóñez, en la defensa del club Brujas de Bélgica (Photo by Isosport/MB Media/Getty Images)Isosport/MB Media – Getty Images Europe

La ruta hacia el éxito, sin embargo, fue muy diferente. Los juveniles del Sport Norte América fueron invitados a un torneo internacional en Brasil, y antes de un partido contra el Benfica de Lisboa, a Medina se le ocurrió dar el volantazo. “Vas a jugar atrás”, le comunicó, y el pibe tuvo que cumplir, más allá de su disgusto. “Él me decía que quería hacer goles. Yo le respondía que eso era mucha responsabilidad y que en la defensa podía evitarlos”. Chocolate tenía sus razones: “Era fuerte en el uno contra uno, ganaba duelos, se ubicaba y marcaba bien, incluso sin tener las bases de un defensor. Era buen delantero, pero algo me decía que sería mejor defendiendo”.

Jugando en esa nueva posición fue que los ojeadores de Independiente del Valle vieron a Joel Ordóñez cuando ya había cumplido los 12 años. Despegarse de la familia y viajar para instalarse en la altura de Quito fue la segunda ocasión que se le presentó a “Balotelli”, tal como lo habían apodado sus compañeros del Norte América, aunque el italiano estuviera muy lejos de ser su ídolo. “Decían que me parecía a él, porque en ese tiempo yo jugaba de delantero, era moreno y me cortaba el pelo con cresta. Pero en cuanto a personalidad, somos totalmente diferentes. Él es extrovertido y le encanta ser el centro de atención, mientras que yo trato de evitar los problemas. Siempre admiré más a jugadores con otra mentalidad, como Sergio Ramos o Cristiano Ronaldo”, aclara el hombre que, según la web Transfermarkt es, con 33 millones de euros, el jugador con mayor valor de mercado de todo el campeonato belga.

Mac Allister al piso, en un duelo contra Joel Ordóñez entre Argentina y EcuadorDolores Ochoa – AP

En el vigente campeón ecuatoriano, Ordóñez fue subiendo escalones hasta alcanzar la primera división. Antes, en las categorías juveniles, compartió entrenamientos y tiempos libres con Willian Pacho, Piero Hincapié y Moisés Caicedo, actuales compañeros en la selección. Por fin, el 10 de abril de 2024, cuando le faltaban once días para cumplir los 18 años, el portugués Renato Paiva, que ya lo había llevado a cuatro partidos de la Serie A, le dio la posibilidad de debutar entre los grandes contra Guayaquil City.

Desde ese instante, jugaría nueve partidos completos y otros tres entrando en los minutos finales. No hubo tiempo para más. Ni siquiera para que los hinchas de Independiente aprendieran su nombre. En junio, Brujas ofreció un dinero difícil de rechazar, la tercera ocasión estaba servida, y el chico de Socio Vivienda 2 se subió a un avión para aterrizar en un país del que sabía poco y donde era incapaz de entender una sola palabra.

“Estaba completamente solo, extrañaba a mi familia, no entendía el idioma, me resultaba difícil adaptarme al clima, a la comida, a todo. Y encima en el primer año jugué poco. Estaba muy decepcionado”, recuerda hoy quien apenas 18 meses más tarde sería considerado por el Observatorio de Fútbol del Centro Internacional de Estudio del Deporte, el segundo mejor defensor sub21 del mundo, detrás del catalán Pau Cubarsí.

Ordóñez, en la persecución de Julián Alvarez, en un duelo por la Champions LeaguePIERRE-PHILIPPE MARCOU – AFP

Una vez aprovechadas las ocasiones, solo era cuestión de hacerle caso y darle una oportunidad al otro parámetro del versículo bíblico: el tiempo. A mediados de 2023, el defensor guayaquileño ya había dejado detalles de su calidad durante el Mundial Sub 20 jugado en Argentina, donde fue titular en los cuatro partidos que disputó Ecuador. Aunque sería 2024 el año de su despegue. En marzo, el técnico español Félix Sánchez Bas le brindó una nueva ocasión, la cuarta. Lo ubicó como lateral derecho en un amistoso de la selección contra Guatemala, y tres meses más tarde, ya en su puesto de central, repetiría la experiencia, pero por las eliminatorias para el Mundial. El rival fue Bolivia y compartió la zaga con Jackson Porozo, el jugador de Tijuana que también estará en la cita norteamericana.

La llegada de Sebastián Beccacece al banco del Tri pareció marcar un impasse. El hombre del Brujas no fue convocado al primer encuentro y fue suplente en los tres siguientes. Las actuaciones en la liga belga y en la Champions League europea acabarían por convencer al técnico rosarino. Desde noviembre de 2025, ya nadie puso en duda su presencia como titular. Al principio nuevamente como lateral, en los últimos ocho encuentros ya establecido como primer marcador central. Los hinchas argentinos tal vez lo recuerden como rival en la derrota de la Scaloneta por 1 a 0 en el último partido de la fase de clasificación.

La velocidad para anticiparse o retroceder en carrera gracias a ese pique corto que Chocolate Medina le elogiaba en sus épocas infantiles; el manejo de los perfiles, la gran capacidad de salto, la seguridad para salir jugando desde el fondo y un carácter que parece inmune a la presión le hicieron acreedor a la confianza de compañeros y entrenadores. Acertó Brujas al rechazar una oferta de 30 millones de euros en el verano europeo de 2025; y acertó el propio protagonista al decirle que no a las propuestas del Al-Hilal de Arabia Saudita y del Crystal Palace inglés meses después. “No es el dinero lo que me motiva, quiero ganar títulos al más alto nivel y dejar una huella”, explicó en la entrevista con Niewsblad.

Esta temporada, el pibe flaquito que destacaba por sus piernas largas en las desangeladas canchas del barrio Socio Vivienda 2 disputó 46 partidos con su equipo y 8 con la camiseta de su país. Fue figura destacada en Brujas, que dio la vuelta olímpica, y se transformó en el complemento ideal de Pacho, el bicampeón de Champions con París Saint-Germain, en el equipo nacional de su país. Juntos son la garantía para que Ecuador prolongue en el Mundial la racha de cinco partidos sin recibir goles. El futuro le promete un lugar en la Premier League, la competición en la que siempre soñó estar, o eventualmente en el Calcio italiano.

El tiempo juega a favor de Joel Ordóñez y las buenas ocasiones se le siguen presentando. Algo de lo vivido y aprendido intentó transmitirles a los chicos que empiezan a patear una pelota en su olvidado suburbio de Guayaquil, cuando hace un par de años volvió a visitar el barrio. Para ellos, ver a uno de los suyos en el Mundial quizás sea también la ocasión de verse reflejados y abrazarse al fútbol, un camino posible para escapar de la violencia, las tentaciones y las malas compañías.

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