Las escenas de los próximos dos o tres episodios de la saga oficial son bastante previsibles. Diego Santilli en acción. Celebrando acuerdos. Exhibiendo ejecutividad. Prodigando coartadas retóricas para los problemas que, a diario, enfrenta la administración. Son las destrezas por las cuales lo ascendieron a la Jefatura de Gabinete.
A medida que se sucedan los capítulos se irán despejando las principales incógnitas de la nueva organización dispuesta por Javier Milei. Una inicial: ¿cuánto poder real va a tener Santilli? Cuando llegó al Ministerio del Interior, el Presidente y su hermana, Karina, redujeron mucho las vacantes a ocupar. Ahora, en la Jefatura, ya le impusieron a su segundo: Ignacio Devitt, un cuadro de tercera línea de Pro, que llegó a La Libertad Avanza de la mano de Manuel Adorni, después de haber pasado por los gobiernos de Vicente López y de la Ciudad de Buenos Aires. Devitt es ahora un delegado de la señorita Milei en el universo de Santilli. Un desafío para Gustavo Coria, flamante secretario de Interior. Él sí es de la máxima confianza del “Colo”, desde que controlaba el Ceamse. Allí, en la gestión de la basura, nació la amistad de Santilli con Claudio “Chiqui” Tapia. Coria deberá romper y, a la vez, disimular las limitaciones del controller Devitt. Son tensiones que derivan del verticalismo de los Milei: ellos detestan la autonomía de sus subordinados. Les gusta quedarse con todo. Parecen peronistas. Como Santilli.

