Rafaela Pimenta nunca marcó un gol ni dirigió un equipo desde el banco. Sin embargo, a sus 53 años, es la única representante del mundo del fútbol en la lista “50 Over 50” (50 mayores de 50 años, en español) de la revista Forbes para 2026. Cada año, la publicación hace esta lista mundial de 50 mujeres que alcanzaron posiciones de relevancia e influencia, convirtiéndose en líderes en sus respectivos campos.
En la edición de este año, la brasileña comparte protagonismo con figuras como la actriz Penélope Cruz y la reverenda Sarah Mullally, la primera mujer en ocupar el cargo de arzobispo de Canterbury. Pimenta dirige Tatica, una agencia de representación de deportistas de élite con sede en Mónaco, lugar donde reside actualmente.
Su impresionante cartera de clientes incluye a la superestrella noruega Erling Haaland, quien se enfrentará a Brasil este domingo en el partido de octavos de final de la Copa del Mundo. Como la primera mujer en convertirse en “superagente” de fútbol, la brasileña ejerce una enorme influencia entre bastidores en un deporte históricamente dominado por hombres.
A lo largo de su carrera, lideró algunas de las operaciones más importantes del fútbol mundial. En 2022, recibió el premio al Mejor Fichaje del Año en los Globe Soccer Awards tras gestionar el traspaso de Haaland al Manchester City. En 2026, Pimenta también lideró la renovación del contrato de dicho jugador noruego con el club inglés hasta 2034. Además de él, representa al prodigio mexicano Gilberto Mora —quien debutó en el Mundial de este año—, entre otras figuras destacadas del fútbol.
A pesar de ello, la brasileña insiste en que no hay lugar para la autocomplacencia. “Siempre digo: tu valor depende de tu último mercado de fichajes. Si cometemos un error, si hacemos un mal trabajo, se acabó. Así que lo que hicimos hace 10 años, hace uno o hace seis meses ya no importa. Lo interesante de este trabajo es que tienes que demostrar tu valía y ser creativa cada día, porque todo cambia constantemente”, considera.
Pero antes de convertirse en agente de futbolistas, Pimenta trabajó como profesora universitaria en San Pablo. Su vínculo con el fútbol nació precisamente allí, en el aula. En una entrevista con BBC Sport en febrero de este año, relató cómo le costaba captar la atención de sus alumnos y decidió estructurar sus clases en torno a los aspectos contractuales del deporte, temas que le interesaban desde una perspectiva jurídica.
Le presentaron a un exfutbolista y empezó a hablar sobre las materias que impartía en clase. Tras varias conversaciones, Pimenta terminó participando en negociaciones para personas interesadas en vincularse con clubes de fútbol en Brasil. Posteriormente, comenzó a trabajar con agentes que buscaban traer jugadores a Brasil o llevarlos al extranjero.
“Me atraía mucho el mundo del fútbol y pensé: ‘Vamos a ver si esto funciona’. No estaba segura de que fuera a salir bien, porque los tiempos eran distintos y el negocio de los agentes apenas estaba empezando, así que las cosas podrían haber salido mal fácilmente”, cuenta.
La colaboración con Mino Raiola
El jugador sueco Zlatan Ibrahimovic, junto a su agente Mino Raiola, en el Mundial de 2018Getty Images
Sin embargo, existe una idea errónea muy extendida sobre la trayectoria profesional de Pimenta: la creencia de que simplemente ocupó el lugar del agente italiano Mino Raiola tras su prematuro fallecimiento en abril de 2022.
Aunque trabajó codo a codo con una de las figuras más polémicas del fútbol mundial —conocido sobre todo por gestionar la carrera de Zlatan Ibrahimović—, Pimenta siempre trazó su propio camino.
Se conocieron durante unas negociaciones en Brasil. Raiola quería llevar los negocios de una manera determinada, pero la brasileña —que por aquel entonces ejercía como abogada— le indicó que aquello no era posible, lo que estuvo a punto de provocar un choque de personalidades.
Tras una reunión, Raiola se marchó, pero más tarde decidió que quería trabajar con Pimenta. Le atrajo que ella no se conformara con aceptar su palabra sin más ni estuviera de acuerdo con todo lo que él decía solo para facilitarle las cosas o entrar en su círculo de confianza. Buscaba a alguien capaz de plantarle cara.
“Solía decir que yo era la única persona con el valor suficiente para decirle que no. Los demás solo querían su dinero y le seguían la corriente incluso en sus ideas más descabelladas”, recuerda ella.
“Tuvimos muchas discusiones: nos tirábamos cosas, gritábamos, protagonizábamos disputas tanto dramáticas como cómicas. Pero diría que, en el fondo, nunca tuvimos un desacuerdo real porque, ante todo, Mino siempre respetó el pacto que habíamos hecho: ‘Esto es lo que hacés vos y esto es lo que hago yo’”, añadió.
Tras la muerte de Raiola, Pimenta empezó a trabajar con algunos de los representados del agente italiano, pero ella ya contaba con su propia agencia y tenía entre sus primeros clientes al mexicano Gilberto Mora, quien con 17 años es hoy el jugador más joven de este Mundial: “Fue una gran aventura llegar a Europa como inmigrante; como mujer en un sector dominado por hombres, un ámbito que, en aquel entonces, se veía aún peor que hoy en día”.
Y agrega: “Hay que afrontar la realidad: existen muchos desafíos en torno a los agentes y a prácticas inaceptables. Es un trabajo difícil. Podría haber salido mal. Y podría salir mal cualquier día”.
Cuando la confundieron con una prostituta
Sin embargo, no todas sus experiencias profesionales fueron positivas, especialmente en lo que respecta a la desigualdad de género. “Cuando empecé a trabajar en este ámbito, había muy pocas mujeres en puestos de toma de decisiones. Estaba Marina Granovskaia en el Chelsea, pero, por lo general, se podían contar con los dedos de una mano”, recuerda.
“Veía a muchas mujeres trabajando en clubes, desempeñando funciones importantes y participando en la toma de decisiones, pero sin recibir el reconocimiento que merecían”, lamenta.
Pimenta representa al mexicano Gilberto Mora, quien con 17 años es el jugador más joven del Mundial 2026Getty Images
Pimenta comenta que los clubes solían tener una distribución similar: un pasillo largo donde la última puerta conducía siempre al despacho de la persona que realmente tomaba las decisiones. “Por lo general, las mujeres se detenían antes de esa última puerta y, detrás de ella, había un hombre”, afirma.
“Era interesante, porque yo llegaba hasta esa última puerta y hablaba con el director ejecutivo, el director deportivo o quien fuera. Conocí a muchas mujeres que se sentían empoderadas al verme entrar directamente. Existe la idea de que las mujeres son excesivamente competitivas entre sí. Creo que, si lo gestionamos bien, no tiene por qué ser así. De hecho, muchas mujeres del sector me ayudaron en diversas ocasiones”, añade.
Sin embargo, la acogida por parte de muchos hombres en puestos de poder no siempre fue cordial. En varias ocasiones, según cuenta, se utilizó el hecho de que fuera mujer para intentar restarle valor o autoridad.
“Creo que la cuestión de género era mucho más marcada hace años. Hubo una larga evolución, desde aquella primera reunión en la que un director deportivo me dijo: ‘¿Así que realmente existes? Pensaba que eras una prostituta brasileña’, hasta donde estamos ahora”, cuenta.
Pimenta recuerda otro incidente ocurrido hace unos dos años durante unas negociaciones contractuales. A su lado se encontraba un abogado contratado específicamente para ayudar con la redacción jurídica en un idioma extranjero.
“Entablamos unas negociaciones muy duras con el club en cuestión. Al final, el resultado fue excelente para el cliente. Entonces, uno de los hombres que estaba al otro lado de la mesa se dirigió al abogado —que no había dicho ni una palabra hasta ese momento, ya que esperaba el instante oportuno para tomar notas— y le dijo: ‘La has instruido bien; realmente conoce nuestro fútbol’”, recuerda.
“Y el hombre lo decía como un cumplido, como una broma amistosa. Hay personas con una idea tan arraigada de que las mujeres son inferiores a los hombres o de que no entienden de fútbol, que incluso cuando intentan ser amables terminan mostrando prejuicios. No acepto eso; ni siquiera cuando se disfraza de amabilidad”, subraya.
Pimenta afirma que su principal motivación hoy en día es facilitar un poco el camino en el mundo del fútbol a las futuras generaciones de mujeres. Además de trabajar como agente, imparte cursos para agentes organizados por la UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol) y por la asociación internacional de la profesión.
Cuando mujeres jóvenes le piden consejos sobre cómo desarrollar una carrera en el fútbol, ella siempre dice: “No acepten abusos. No tienen por qué aceptar ningún abuso. Y no necesitan sexualizarse para triunfar en esta industria. No necesitan ser guapas, sensuales ni aceptar insinuaciones para abrirse camino. Eso no las llevará a ninguna parte. Las conducirá por un camino muy peligroso”.
“Los clubes tienen demasiado poder”
Haaland, estrella de la selección mundialista de Noruega y del Manchester City, es uno de los jugadores representados por PimentaGetty Images
Pimenta construyó su carrera durante una etapa de profunda transformación en el fútbol. “Recuerdo un traspaso en el que llegamos al club, cerramos la puerta y no salimos hasta que se cerró el trato. Estuve allí 18 horas”, recuerda.
“Hoy en día, eso sería imposible. Hay que preparar toda la documentación con una semana de antelación —a veces con un mes o incluso seis meses de margen— porque hay muchísimas cuestiones que resolver: leyes laborales, impuestos, normativas locales”, enumera. Sin embargo, según ella, la transformación más profunda se produjo fuera del terreno de juego.
Los jugadores “empezaron a funcionar como verdaderas empresas” y, como resultado, las oportunidades fuera del campo se multiplicaron considerablemente, sobre todo en lo que respecta a las redes sociales. Haaland, por ejemplo, tiene un canal de YouTube con 2 millones de suscriptores y cerca de 45 millones de seguidores en Instagram. Y ese estatus conlleva enormes exigencias y expectativas.
“Antes se esperaba que el jugador entrenara por la mañana y jugara el fin de semana. El resto del tiempo lo dedicaba a ir de compras con su esposa o a jugar a videojuegos. Básicamente, eso era todo”, afirma.
“No se veía a banqueros persiguiendo a futbolistas. No se veía a promotores inmobiliarios queriendo vincular sus proyectos a los jugadores. Hoy en día, todo el mundo quiere sacar una porción”, considera.
No obstante, a juicio de Pimenta, estos cambios no fueron acompañados de un equilibrio en la relación entre clubes y deportistas: los jugadores siguen teniendo poca autonomía sobre sus propias carreras, dice. La agente critica, por ejemplo, los contratos de representación que obligan a los deportistas a pagar penalizaciones si deciden cambiar de agente.
“Si no hago un buen trabajo, no debería esperar que el jugador siga conmigo para el próximo mercado de fichajes. Una cosa que detesto es esa imposición de la cláusula de penalización. Firmas conmigo para que te represente y, si quieres cambiar de agente, tienes que pagarme una multa. ¿Por qué? Si quieres cambiar de agente, adelante, hazlo”, resalta.
Según Pimenta, el mismo principio debería regir el mercado de pases. En su opinión, “los clubes tienen demasiado poder”, y los jugadores a menudo se convierten en rehenes de las circunstancias: “No estoy en contra del sistema de traspasos. Es necesario para que todo el sistema funcione. No abogo por el caos ni creo que los jugadores deban hacer simplemente lo que quieran. Pero considero que necesitamos más equilibrio. Ahora mismo, existe un desequilibrio”.
En la práctica, señala, muchas operaciones fracasan porque los clubes mantienen un control casi absoluto sobre la situación de los jugadores. “Siempre hay algún jugador que podría haber sido traspasado —que necesitaba marcharse—, pero el club exigía un millón de libras más”, apunta.
El debate cobró fuerza en octubre de 2024, cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó que ciertas normas de la FIFA que regulan los traspasos de jugadores infringen la legislación europea. Tras el fallo, el organismo rector implementó un modelo provisional para calcular las indemnizaciones y redistribuir la carga de la prueba en los casos de rescisión de contrato.
Para Pimenta, la discusión trasciende las normas jurídicas y aborda el trato que reciben los futbolistas en un deporte que se convirtió en una industria multimillonaria. “El fútbol solía ser más humano”, afirma. “Un director deportivo o el dueño de un club mantenía una relación especial con el jugador. Si un deportista se acercaba y decía: ‘Por favor, necesito irme’, buscaban una solución”, recuerda.
Y cierra: “Hoy en día, el fútbol se convirtió en un negocio tan enorme que existe el riesgo de ver a los jugadores simplemente como activos financieros. Un activo no tiene voz ni sentimientos ni necesidades humanas. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el activo financiero y el ser humano”.
Por Simon Stone

