En las últimas tres décadas estuvo apenas dos años inactivo. El 10 de junio del año pasado se despidió de Chile, después de que la Roja se quedara sin posibilidades de clasificarse para el Mundial 2026 y, sin darse cuenta, empezó un impase como entrenador, aunque no dejó de involucrarse con el fútbol. Lo hizo desde otro lugar, desconocido para quien en 1978 debutó en Boca y fue futbolista hasta el 28 de agosto de 1994, fecha en que decidió coronar la aventura tras convertir un gol y consagrarse campeón con Independiente. Streaming y charlas de liderazgo, el terreno que exploró durante el compás de espera. Un compromiso que aceptó en Perú, pero no como un pasatiempo: analizar y hablar de fútbol lo apasiona a Ricardo Gareca, que le puso un límite a esa práctica. “Yo quiero dirigir, retomar mi actividad, y la Copa del Mundo fue el cierre de la experiencia”, relata el Tigre, en la charla con LA NACION.

