Una decisión muy discutible de Sebastián Zunino le privó a Independiente de ratificar ante Talleres su condición de visitante implacable. A dos minutos del final, Santiago Montiel, el mejor de la noche, recibió el rechazo corto de Juan Riquelme, desbordó por la derecha, hubo un rechazo y Nahuel Banegas sacó un zurdazo imparable para Ezequiel Unsain. Era gol y victoria merecida, pero VAR mediante, el árbitro decidió que el zurdo del Rojo estaba fuera de juego en el arranque de la acción. Al final fue 0 a 0 entre insultos. Los de los hinchas locales para sus jugadores, y los del Rojo, por sentir que les quitaron algo que se habían ganado en la cancha.
Los dos venían de cachetazos sonoros. Una derrota sobre el final de la T en el clásico ante Belgrano que se notó en la concurrencia más limitada que otras veces, aunque no en el recibimiento ni en un aliento con sabor a indulgencia. Una goleada en contra del Rojo en el Bochini frente a Instituto que motivó al uruguayo Jádson Viera para sacudir la alfombra y modificar medio equipo.
Matías Abaldo intenta un ataque para Independiente; lo persigue RickIndependiente
En ambos casos fueron resultados de los que liman la confianza e invitan más a protegerse que a arriesgar. Quizás haya que buscar ahí las razones de la demora para que el partido alcanzara una temperatura suficiente como para alterar la modorra de la noche dominical. Durante un largo rato gobernaron la cautela para no perder la pelota en las transiciones defensa-ataque y la conducta intachable para acelerar los retrocesos, doblar marcas y obstaculizar cualquier intento ofensivo rival.
Omar De Felippe apostó por los pibes para intentar una inyección de vitamina juvenil en los metros finales de la cancha. Giovanni Baroni (17 años) y Valentín Dávila (19) deberían haber sido los encargados de dotar de energía renovada a los cordobeses, pero hasta más allá de la media hora lo hicieron con tanta timidez que ni siquiera pudieron poner a prueba la línea de zagueros que Viera decidió estrenar tras la debacle de una semana atrás.
Al técnico de Independiente se le podrán hacer muchos reproches, pero nadie le podrá echar en cara ni la insistencia en la búsqueda ni el atrevimiento para mover la estantería. Además de cambiar a los cuatro del fondo, recuperó al “olvidado” Luciano Cabral para que sea manija arriba y a Ezequiel Ávila en el vértice más adelantado. Logró que los regresos de Sebastián Valdez y Juan Miguel Arrayago le dieran una mayor apariencia de seguridad a la defensa; hasta después del descanso no consiguió en cambio elevar el nivel en la gestación, y en consecuencia, tampoco en el volumen de llegadas al área de enfrente.
Como decían los magos de antaño, en el partido no pasaba nada por aquí y nada por allá, pero el fútbol suele guardar sorpresas en el rincón menos esperado, y a los 35 de la tediosa primera parte, la visita dispuso de un tiro libre sobre la izquierda. Santiago Montiel se paró como para lanzar un centro y engañó a todos: su remate, fuerte y combado por afuera de la barrera se estrelló en el travesaño y, lo más importante, destrabó el encuentro. Rick Morais desperdició la contra que siguió a ese remate cuando solo tenía a Rodrigo Rey en el horizonte.
El juvenil Baroni marca a Iván Marcone, capitán de IndependienteIndependiente
La doble ocasión alteró el encefalograma plano del choque, y nadie sintió más el impacto que Baroni. El chico de la T sacó a relucir varias de las virtudes que se le adjudican. A los 37 le puso un centro delicioso en la cabeza a Valentín Depietri, que peinó y exigió que Rey tuviese que estirar todos sus dedos para sacarla por arriba del travesaño a los 39, y en la siguiente lo dejó a Gabriel Báez con ventaja dentro del área, pero al lateral zurdo se le enredó el balón entre los pies.
Lo mejor del partido
Ese cierre de los 45 iniciales tuvo cierta continuidad en la reanudación. Talleres amenazó con adueñarse del choque de la mano de la recuperación de Federico Fattori y el toque delicado de Baroni; el Rojo respondió con Montiel como abanderado, Cabral de escolta y Ávila en la definición, y durante un buen rato se vistió de dominador. Chimy dos veces (una la tapó Ezequiel Unsaín, la restante se fue apenas ancha), una cada uno Cabral, Montiel e Iván Morales, que acababa de entrar (todas desviadas) anduvieron rondando el gol. No pudo concretarlo y lo acabó pagando con dos puntos menos en su casillero.
Los de Avellaneda habían llegado al Kempes de la mano de una estadística positiva: ser el visitante más incómodo del Clausura, con cuatro triunfos y un único tropiezo en el José Amalfitani (también es uno de los peores locales, pero ese es otro asunto). En Córdoba hicieron bastante para reforzar aún más esa condición. Mejoraron su producción respecto a siete días atrás. Les falto puntería en el remate y no contaban con la mirada fina del VAR y la determinación de Zunino. Talleres sigue último y su gente le puso el sello: lo despidió sin guardarse ni un átomo de piedad.

