Javier Milei Teresa Suarez – AP
Javier Milei eligió el silencio como respuesta ante dos reveses electorales claves en su entramado internacional: el de Brasil, con el triunfo de Luiz Inacio “Lula” Da Silva, con quien mantiene un fuerte enfrentamiento, y el de Estados Unidos, con la derrota de los republicanos, en las elecciones de medio término, en lo que significó una durísima derrota para Donald Trump, con quien mantiene un fuerte alineamiento.
En el caso de Lula, se trata de uno de los mayores enemigos de Milei, en la percepción del Gobierno argentino, a tal punto que se registró un cruce de acusaciones con consecuencias diplomáticas por el retiro de los embajadores. La derrota de Flavio Bolsonaro, el aliado natural de Milei, en el balotaje de hace dos semanas sumió al Presidente en el mutismo.
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Desde esa elección, el 25 de octubre, Milei no se expidió sobre el tema, pese a que sí lo había lo había hecho en la primera vuelta, donde Bolsonaro se impuso sobre Lula. E incluso llevó el tema a la reunión de Gabinete del día siguiente a ese triunfo, a diferencia de lo que sucedió después. Fue el único mandatario de la región que no reconoció la victoria del líder del PT.

