De corbata roja, al mejor estilo trumpista, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el canciller Pablo Quirno presentaron este viernes el acuerdo con Estados Unidos. Los siguió el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, que apenas terminó la rueda de prensa se encerró en una oficina a publicar en X 13 mensajes para explicar la versión oficial sobre los alcances del pacto.
La administración de Javier Milei primero necesita la aprobación del tratado en el Congreso, el mayor “blindaje de seguridad jurídica”, como lo entienden en Casa Rosada.
Fuentes oficiales consultadas por LA NACION revelaron que el plan que trazó la Casa Rosada para que el acuerdo se aplique en forma completa prevé un plazo total de tres años.
Sin embargo, la concreción de esta firma tendrá efectos concretos de manera progresiva sobre la economía local. Las consecuencias más próximas se verán en materia de carnes, patentes y baja de aranceles, según anticiparon fuentes oficiales.
El primer paso, como ya lo expresaron desde la Casa Rosada, es que el Congreso apruebe el tratado. Como es un acuerdo entre países, la Cámara de Diputados y el Senado deberán votar por el sí o por el no. Adorni ya dijo este viernes que remitirán el texto lo más rápido posible.
Adorni y Quirno en la conferencia desde Casa Rosada por el pacto con EE.UU.Presidencia
En paralelo, ambos gobiernos podrán avanzar con cuestiones que no requieren la aprobación parlamentaria.
La Casa Rosada celebró que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó hoy mismo la executive order (orden ejecutiva) que destraba el mayor ingreso de carne argentina al mercado de ese país.
En la rúbrica está previsto que la Argentina quintuplique sus exportaciones de carne a Estados Unidos. Según Sturzenegger en X, esto implicaría una ampliación de las ventas al exterior para el sector ganadero en “cerca de unos US$800 millones”.
En tanto, la Secretaría de Legal y Técnica, que comanda María Ibarzábal, tendrá una ardua tarea por delante. Es que el Gobierno debe emitir ahora una serie de publicaciones en el Boletín Oficial —es decir, decisiones que no necesitan aval legislativo— para dar de baja normativas que chocan con el pacto sellado.
Según pudo saber LA NACION, habrá temas a la brevedad. Por un lado, en los próximos 30 días está prevista la publicación de resoluciones oficiales vinculadas a la propiedad intelectual. Estos textos derogarán criterios de patentabilidad para sectores farmacéuticos y de innovación biotecnológica.
Asimismo, en este aspecto, y tal como explicó Sturzenegger en su cadena de tuits, el Gobierno también necesita que el Congreso —además del pacto— apruebe antes del 30 de abril el PCT (Patent Cooperation Treaty), un tratado de cooperación en materia de patentes que ya tiene aval de los senadores pero debe pasar por la Cámara de Diputados.
La Argentina cuenta con una Ley de Patentes a nivel local, pero en lo internacional todavía no adhirió al PCT. Esta será una de las primeras chispas con las farmacéuticas nacionales, que se oponen a que la Argentina ingrese a este tratado mundial. Argumentan que perjudicaría la producción local.
Según Sturzenegger, la aprobación del tratado permitiría a los desarrollos científicos argentinos patentar y contar con protección global por 30 meses (algo que no ocurre con la ley actual).
Esa cuestión y la inserción de las carnes serán cambios que mostrarán los efectos del pacto a corto plazo.
Con las farmacéuticas, otro tema de fricción es que el acuerdo habilita a que los medicamentos que estén aprobados por la FDA de Estados Unidos ingresen al mercado local sin necesidad de ser refrendados. Ante las quejas de esa industria, fuentes oficiales de la Casa Rosada se anclan en que pretenden acelerar la competencia y alegan que, asimismo, la industria nacional podrá colocar sus fármacos en Estados Unidos, un mercado de más de 300 millones de personas.
Milei sostiene su alineamiento internacional con Trump Benedikt von Loebell
En tanto, entre los cambios que la Casa Rosada debe acelerar por estos días también están una serie de decretos que plasmen las modificaciones arancelarias comprometidas con Trump en el acuerdo. La Argentina eliminará cargas para 221 posiciones arancelarias de Estados Unidos —como máquinas, material de transporte, dispositivos médicos y productos químicos—; reducirá a 2% otras 20 posiciones, principalmente de autopartes; y otorgará cuotas para vehículos, carnes y otros productos agrícolas.
Con respecto al último punto, fuentes oficiales contaron que ya hay conversaciones con Estados Unidos para administrar cómo se van a organizar esas compras.
En el rubro automóviles, por ejemplo, la cuota anual es de 10.000 unidades y los equipos negociadores suponen que este año ya se verá ese impacto.
En tanto, en el Gobierno no solo celebraron que se haya eliminado el arancel recíproco para colocar 1675 productos argentinos allá, sino que haya quedado plasmado en un artículo que no se aplique un arancel superior al 10% para el resto del nomenclador. Según el oficialismo, esto permitió cerrar con superávit la relación comercial con Estados Unidos el año pasado. Consideran que le dio mayor competitividad a la Argentina en comparación con otros países que tienen tasas más altas para sus productos.
Jamieson Greer y Pablo Quirno con el acuerdo firmado entre la Argentina y Estados UnidosCancillería
Sin embargo, en el camino de tres años para la implementación completa, todavía resta que el Congreso –además del pacto– refrende diez tratados internacionales (algunos ya avalados) y la modificación de determinadas leyes que van contra lo sellado en Washington. (algunos ya avalados) y la que van contra lo sellado en Washington.
Al momento de imaginar el impacto general del acuerdo, el Gobierno pronostica un escenario ideal donde el tratado fuerza una reconversión de la economía que potencia el sector exportador y lo lleva a incorporar empleo, los consumidores se benefician con productos llegados de Estados Unidos y las empresas reciben maquinaria moderna para aceitar sus cadenas productivas.
En paralelo, el acuerdo recibe críticas de sectores como las farmacéuticas locales, la industria Pyme, sobre todo la bonaerense, y parte de la oposición, que ve un aparente desbalance en la reciprocidad entre ambas naciones.
El kirchnerismo, la izquierda y otros partidos de la oposición advierten sobre un posible impacto negativo en la industria fabril local.
En la Casa Rosada rechazan esas criticas y celebraron el alineamiento pleno con EE.UU.. “Todo lo que abrimos es bueno para la Argentina; ahora somos elegibles”, repetían los funcionarios por los pasillos de Balcarce 50.

