La noche que Messi se sentó en el banco para jugar contra Inglaterra, pero no podía.Michael Regan – EMPICS – PA Images
No podía jugar, estaba suspendido. Pero tampoco lo iban a dejar sentadito en una platea del Stade de Genève, a lo sumo, acompañado por algún dirigente de la AFA entre los 29 mil espectadores de aquella noche. Precisamente lo que más querían era arroparlo, integrarlo, por eso lo habían citado para una doble fecha de amistosos, sabiendo que el primero se lo iba a perder. Tarde plomiza en Ginebra, lloviznaba. Con un camperón de la selección, mezclado entre suplentes y auxiliares, se escabulló en la cancha. Se amuchó en un rincón del banco. Tampoco nadie iba a hacer un escándalo reglamentario por ese desconocido. Lionel Messi siguió desde el banco de suplentes el Argentina-Inglaterra que no pudo jugar. Y desde entonces espera jugarlo.
Tenía 18 años y era una tumba. Reconstruir aquellos días no ha sido sencillo porque casi todos los consultados no tienen recuerdos de él. “Una charla con Leo no pasaba de los cinco minutos; eran casi monosílabos. No hablaba y miraba siempre con asombro”, recuerda un integrante de la delegación. Era el 12 de noviembre de 2005. Contra los ingleses debió cumplir una fecha de castigo por su expulsión la tarde del 17 de agosto, en Budapest, 87 días antes, en su debut contra Hungría. Cuando reemplazó a ‘Licha’ López y 47 segundos más tarde estaba otra vez afuera de la cancha por un exceso de celo del árbitro alemán Markus Merk. En el medio, la ‘Pulga’ había intervenido en el cierre de las eliminatorias sudamericanas ante Paraguay, Perú y Uruguay, todos partidos oficiales. Por eso, debía pagar una fecha por amistosos… y justo cayó Inglaterra. Messi se lo perdió, sin imaginarse, ni él ni nadie, que en los siguientes 21 años no volverían a cruzarse estas selecciones. Hasta hoy.

