Kirchneristas y libertarios, en camino a las eleccionesAlfredo Sábat
El proyecto mileísta corre con una desventaja competitiva: una oposición dura kirchnerista que llegará a 2027 con motivaciones recargadas para recuperar el poder. Un sistema de tres incentivos que hacen del próximo proceso electoral un escenario político novedoso, y por eso más impredecible. Primero, Vaca Muerta como una caja multimillonaria disponible como la política nunca tuvo. Segundo, una macroeconomía relativamente ordenada, con el ajuste electoralmente costoso ya realizado y los beneficios en marcha de una inflación a la baja: un contexto que le ha sido negado a los candidatos presidenciales de las últimas cinco elecciones, por lo menos. Tercero, un caballito de batalla kirchnerista: una disciplina electoral bien entrenada, capaz de suspender las internas feroces y alinearse detrás del poder en pos de recuperar la Presidencia, aunque no se sostenga a la hora de gobernar.
“Lo van a querer golpear con de todo”, es la visión de un empresario que votó a Milei en el balotaje, aunque no es mileísta. Para Milei y los libertarios, 2025 estuvo signada por “el golpismo” kirchnerista. En esa visión, el Congreso fue el ámbito de una lucha descarnada: el oficialismo insiste con interpretar las batallas legislativas por las emergencias en el Garrahan, la discapacidad y el financiamiento universitario como intentonas en contra del equilibrio fiscal, es decir, en contra del corazón del modelo mileísta. Esa conexión entre reordenamiento macroeconómico de la gestión Milei y gobernabilidad es la base para la interpretación oficialista de la avanzada parlamentaria opositora del año pasado. La ley de presupuesto que se debatirá en breve va a caer en la misma lógica política.

