Megacausa Jefatura III: marcas de por vida

De búsqueda y sufrimiento

En la sala de audiencias, se escuchó el relato de otra víctima de abuso sexual durante el terrorismo de Estado. La testigo se armó de valor, contó su historia y pidió hacerlo en presencia de cada imputado y de cada persona presente.

El 24 de marzo de 1976, policías ingresaron a su casa y se llevaron a su papá a una comisaría de Las Cejas. Al día siguiente, ella fue a aquel lugar y preguntó por él, pero nadie le dio respuestas. Entonces continuó insistiendo. En su espera, escuchó, claramente, a dos hombres decir que también debían hacerla desaparecer. “Me dijeron que deje de preguntar, que me quedara callada. Yo les dije que no les tenía miedo. Ahí me detuvieron todo un día”, recordó la mujer.

Ella fue testigo de cómo a su papá lo sacaron de aquella comisaría, lo subieron en una camioneta con una lona verde y se lo llevaron. A las dos horas, se la llevaron a ella también. Durante todo el camino, dos policías no paraban de repetirle que su papá no volvería más, que se callara, que por lástima no la mataban. La bajaron de la camioneta y allí abusaron sexualmente de ella y la golpearon. La llevaron a una comisaría de San Miguel de Tucumán donde le vendaron los ojos y la encerraron en un calabozo por una semana. “Yo escuchaba todo lo que hacían en ese lugar. Hombres y mujeres gritaban”, contó.

Cuando pudo regresar a su casa, juntó fuerzas y continuó buscando a su padre. Pero los días pasaban, y nadie sabía nada. Una noche, cuando las esperanzas comenzaban a desaparecer, apareció golpeado, sucio y desnudo. “Mi papá no quedó bien mentalmente. Cuando veía un policía o pasábamos por una comisaría, él sentía mucho miedo”, dijo la testigo y las emociones empezaron a aparecer al recordar aquel sufrimiento.

Los delitos sexuales, durante el terrorismo de Estado, se cometieron en hombres y mujeres. Delitos que buscaban denigrar, humillar, callar, dominar, impartir miedo y dejar una marca de por vida en cada víctima. Fueron cometidos sobre personas secuestradas, indefensas, y con ensañamiento, especialmente con las mujeres, por el hecho de ser mujeres, por buscar incansablemente a sus familiares, por militar o por romper con los parámetros establecidos en ese momento.

Luego de seis horas y alrededor de diez historias que pasaron por la sala, finalizó la audiencia del lunes 24. La próxima será el 1 de agosto a las 9.30.

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