Mucho humo y poco rock: el ‘panic show’ de Milei y Bussi en Tucumán – Tucumán

El diputado nacional Javier Milei (La Libertad Avanza) finalmente concretó su visita a Tucumán para sellar su alianza política con Ricardo Bussi y Fuerza Republicana, el partido que fundó el genocida condenado Antonio Domingo Bussi. El acto tuvo lugar en la plaza Alberdi, a pocas cuadras de donde funcionó el centro de detención clandestina Jefatura de Policía, justamente. Allí brindó Milei su ‘clase magistral’, un stand up que va de más a menos, se torna aburrido y carece del rock que promete: abre y cierra con el mismo tema, un one hit wonder sin chispa, que se limita a chicanas baratas para que lo aplaudan los propios y no mucho más.

La espera se hizo larga, larguísima. Los tucumanos y tucumanas se pelearon por las pocas sombras desde la siesta, y Milei entró entre bengalas amarillas y pogo con adolescentes pasadas las 20:00. Al menos la espera permitió que vendedores de gaseosas y achilatas hagan unos mangos. No tuvieron igual suerte quienes ofrecían desde banderas argentinas hasta figuritas del Mundial. La previa se musicalizó de forma variopinta con temas que fueron desde Coldplay hasta Blur, con puntos altos de Hollabak Girl de Gwen Stefany y Won’t go home without you de Maroon 5. El detonado Bobby Alanís bailó varias detrás del escenario.

Los «Pumas Libertarios» se sacaron un montón de selfies, y fueron entrando de a una las columnas con banderas de los dirigentes de Fuerza Republicana. Bajo una bandera Milei Presidente – Bussi Gobernador un pobre tipo se pasea disfrazado de león y el calor que le hace debe ser inhumano. Un pibe muestra orgulloso su cartel de «No nos pagaron para estar aquí» y a las 18:30 salen los conductores del acto a prometer que «Desde el Jardín de la República va a escribirse la historia del país», antes de arengar a los presentes a cantar «Olé, olé, olé, Milei, Milei» y «se siente, se siente, Milei Presidente».

A las 19:00 y para calmar la ansiedad del cada vez más público presente, sube al escenario el legislador Ricardo Bussi, que es recibido con tibios aplausos. El hijo del genocida condenado Antonio Domingo Bussi brinda un discurso de poco más de dos minutos en el que invitó a los presentes a «sumarse a la ola liberal que va a llevar a Milei a la Presidencia», que cerró agitado al grito de «Se viene el león, viva Argentina, viva Tucumán, viva la libertad».

Ricardo Bussi, telonero.

En su arribo a Tucumán y de la mano de su alianza con Fuerza Republicana, Milei se presentó a puro negacionismo puro y duro: «¿Me podés mostrar la lista de los 30 mil desaparecidos?», chicaneó. Mucho más bajo fue cuando los conductores del acto aseguraron que a las 19:22 había «más de 30.000 personas» esperando por Milei. La convocatoria fue destacable y la multitud se extendía desde el escenario sobre calle José Colombres hasta mitad de cuadra, en la estación de trenes. Asegurar con que hay más seguidores de Milei en Tucumán que detenidos desaparecidos después de la última dictadura cívico-militar que tiene como protagonista central en Tucumán a Antonio Domingo Bussi es primero una mentira, y segundo una bajeza a la altura de quienes convocaron al acto. El horror después del horror.

Poco sorprende entonces que el mismo presentador, para amenizar la espera, le pida a su compañera que «desfile» para los presentes porque «al pueblo lo que es del pueblo». Pasarela para «Emilse», y a seguir esperando a Milei que no viene. Se encienden los celulares, se arma un pasillo, pero el presunto rockstar no llega. Sale a tocar de nuevo la banda telonera: «¿Dónde está la juventud?», pregunta ahora Ricardo Bussi, y se lleva algunos silbidos. La gente quiere a Milei, por eso vinieron en masa en los colectivos que aguardan sobre calle Suipacha el rugido del león. 

Pasadas las 20:00 aparece el showman, desde calle Catamarca. Campera de cuero, el pelo despeinado. Como en la tele. Se abalanza sobre él un pogo de jóvenes entusiastas e ingresa triunfal entre bengalas amarillas, se abre paso entre sus fanáticos y avanza hacia el escenario al ritmo de Panic show de La Renga. Se funde en un abrazo con Bussi antes de cantar que «corrió la casta sin entender» y que «toda la casta es de mi apetito», parafraseando a Chizzo Nápoli, antes de gritar «Viva la libertad«. Varias veces.

Entre las bengalas, aparece Milei.

Pogo, ponele.

Buena entrada, acaso “rebelde”. Los muchachos en cuyas remeras se lee «Dont tread on me» se saben la de La Renga por Milei. Comienza ahora sí el esperando stand up de Milei, que lamentablemente para los presentes es el mismo que ya vieron tantas veces en la tele o en Youtube, adaptado a Tucumán, «la tierra que respira libertad» donde «200 años después de sacarnos de encima el yugo opresor de la monarquía española tenemos que seguir peleando por la libertad». Luego condenó «la maldita idea de la Justicia Social» que «implica un robo», y detalló que «el modelo de la casta se basa en un principio que dice ‘donde nace una necesidad nace un derecho’, pero que las necesidades son infinitas y los derechos alguien los tiene que pagar». Ajá.

El público, quizás confundido, le devolvió un «hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es radical». Antes de citar a Adam Smith, Alberto Benegas Lynch hijo, ponderar al propio Juan Bautista Alberdi y también a los tucumanos Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca, y contar una anécdota confusa en la que «Romina» le compra sus anteojos por 250.000 dólares, pero que ella sale ganando porque «viene del futuro y él es el próximo presente«. Algunos se rieron, pero creo que de la incomodidad. Luego criticó a Carl Marx, al socialismo, e insistió en que «el problema no es el chef, es la receta».

El entusiasmo y los aplausos fueron mermando cada vez más. Las banderas ya no flamearon y el público ya lucía hasta cansado. Hubo tiempo para criticar dos veces a Axel Kicillof, único político local que mencionó. No hubo mención para el peronismo tucumano que gobierna desde 1999 cuando le ganó justamente a Fuerza Republicana, ni ninguna mención al propio genocida Bussi para el que trabajó Milei o la labor local de sus nuevos amigos bussistas que ostentan bancas en la Legislatura y varios concejos deliberantes, ya que son tercera fuerza provincial. Ni siquiera pidió conocer cuántos empleados tiene la Legislatura de Tucumán o criticó los sueldos del Poder Judicial provincial. Nada. No hubo ni siquiera una referencia a la industria del limón a la azucarera, ni al cierre intempestivo de nuestros ingenios que hizo añicos la economía tucumana, por ejemplo. La casta es el otro y debe estar en otro lado.

Antes del cierre habló de «feminismo radical» e «ideología de género», condenó a quienes «clamaban por colectivos que representen a las minorías» y a los «pueblos originarios que espantan la inversión». Tras repetir varias citas de Alberdi, pidió «dejar la vida por abrazar las ideas de la libertad» para que «Argentina vuelva a ser potencia». Cerró con su único hit, como comenzó: «Viva la libertad carajo«. Hubo fuegos artificiales y otro pogo, esta vez al ritmo de «Se viene el estallido». La canción de Bersuit quedó bastante larga y seguía sonando cuando Milei ya se había retirado y el público se desconcentraba rápidamente. 

Tucumán ya estalló hace años. Que los seguidores de este economista negacionista muestren la lista de sus más de 30.000 concurrentes. El show de Milei empezó como terminó, un loop aburrido y de poco vuelo: habló poco y nada de Tucumán y sus problemas, y se limitó al mismo guión que muestra en la tele o en la Cámara de Diputados, cuando va. Ni siquiera justificó la alianza con Fuerza Republicana, o marcó una hoja de ruta a los suyos rumbo a 2023 cuando asegura que será Presidente. Sí auguró un triunfo de Jair Bolsonaro el domingo en Brasil y el regreso de Donald Trump al poder en Estados Unidos. Y sí. Y así se fue Milei de Tucumán, sin siquiera decir cuál es la casta a combatir. Mucho humo y poco rock.

El stand up de Milei, en fotos:

El verdadero león.

El Tío Sam.

Mensaje contra la casta universitaria.

Pumas Libertarios.

Detonados, detrás de escena del acto bussista.

Nadie le pagó para estar aquí.

Milei lee su discurso en su ‘clase magistral’. Alberdi observa.

La multitud llegó hasta la estación de trenes sobre calle Corrientes.

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